Master Chef
Una aventura épica
Hace unos meses mi novia, a quién las puertas suelen abrírsele a menudo con grandes ofrendas, me preguntó porqué no me anotaba en Master Chef. Yo estaba seguramente con alguna traba mental, algún colapso existencial nihilista. Porqué en general sobre llevo las crisis cocinando y más si es invierno, y mucho más aún si acabo de volver de algún viaje.
Seguramente por eso se le ocurrió que yo podía ser parte de un reality gastronómico. Me pareció raro.
Meses después Instagram me pone frente a frente con la propa del casting. No lo pensé, como si alguna planta embrujada me estaviera invitando a su ritual iniciático, fui. Me anoté. Y automáticamente, bastante hechizada, empecé a pensar en lenguaje de comida.
Estudié, practiqué, rompí, quemé, me frustré y finalmente llegó el día.
Entré a Master Chef Uruguay.
Veremos hasta donde me lleva este experimento, pero tengo una intuición. Y es fuerte.
P.D.: La foto es de anoche, después de practicar un Saint Honoré que quedo mal.
Me dormí muy tarde.